Muay thai, cada vez mas mujeres se apuntan al deporte donde vale casi todo
Posted on 20. Oct, 2008 by combatealko in Noticias
• Karla Benítez es campeona del mundo de muay thai, un deporte milenario donde está permitido todo menos los mordiscos, los cabezazos y los ataques por la espalda. Cada vez son más las mujeres que lo practican. Unas lo descubren para soltar adrenalina, otras por necesidad, para que nadie les ponga la mano encima nunca más.
Me duele que muchas mujeres, sin saber lo que hago, digan que practico un deporte de bestias y que acabaré sonada. Si conocieran el muay thai, descubrirían otra forma de vivir, de sentir y de ir por la vida. Además, sabrían defenderse, pisarían fuerte y se sentirían seguras”. Karla Benítez (Venezuela, 1979) reside desde hace diez años en Barcelona y es la mejor luchadora del mundo de muay thai en la categoría de 54 kilos. La avalan dos títulos mundiales y ser cuatro veces campeona de Europa y de España en todas las modalidades. En esta disciplina, ya reconocida por el Consejo Superior de Deporte, en el ring, vale casi todo: puñetazos, codazos, rodillazos… Menos darse mordiscos, cabezazos o atacar al rival por la espalda, todo está permitido. “Pero no es un deporte violento. La vida es violenta, no nosotras. Aunque quieran desprestigiarnos, el muay thai esta de moda y en España cada día más mujeres se sienten realizadas practicándolo”, asegura Karla Benítez, que el 28 de junio espera ganar en Holanda su tercer cinturón mundial.
En el gimnasio de su marido –Chinto Mordillo, también campeón del mundo–, en el barrio obrero de Roquetes (Barcelona), Karla da clase a más de 50 mujeres de todas las edades. Eso sí, la mayoría ha descubierto esta modalidad de las artes marciales por necesidad, para que su pareja nunca más les pusiera la mano encima. “Con los tiempos que corren, es imprescindible saber defenderse. He trabajado de noche en barrios complicados con droga, prostitución… me llevé más de un susto y decidí aprender muay thai”, afirma Soledad Calvo, de 29 años y profesora de hostelería. Merced a este deporte ha recuperado la confianza en sí misma, la autoestima, y va tranquila por la calle: “Ahora sé hacer una guillotina [coger el cuello del adversario con el antebrazo y presionarlo en la yugular], una contusión y dar un golpe seco y certero”.
Todas las alumnas –que en el cuadrilátero llevan varias protecciones (bucal, pectoral y vaginal)– repiten que es técnica y no fuerza lo que sirve para neutralizar al adversario: “Desde que hago muay thai me ha cambiado el carácter, me relaciono mejor. Y por practicarlo, ni acabaré sonada, ni con un cáncer de mama, ni con un derrame vaginal”, asegura Rosa Prades, dependienta de una papelería.
Lo que a todas les molesta es que algunas mujeres digan que no son femeninas por practicarlo: “¿Y qué somos, marimachos por no hacer pilates o aeróbic? Estamos más cuerdas y somos más sensatas que las pijas que se gastan 300 euros en un bolso o en unos zapatos de marca. Y bien harían las chicas de mi edad en hacer artes marciales en vez de fumar porros y darle tanto al botellón”, dice Jessica Sola, estudiante de dietética. Al instante, Ángeles, de 64 años, la alumna más veterana, sentencia: “El muay thai no es violento y cada vez gusta más a las mujeres. En el ring suelto adrenalina, me siento liberada y cada vez más joven”.
Y es que Karla Benítez (37 victorias y una sola derrota) y su marido están realizando una gran labor con todas las mujeres que tienen problemas con la violencia de género. “Las mujeres maltratadas deben ser valientes para decir: ayer fue la última vez que me pusieron la mano encima”, repite Karla, luchadora que se entrena cinco horas diarias y que cobró 1.500 euros por ganar su último mundial.











